Queridos Graduados de Insight:

Un gusto saludarlos en este nuevo mes, donde damos inicio a un nuevo trimestre, y donde tendremos un feriado importante como lo es la “Semana Santa”, un tiempo que nos permite reflexionar y repensar dónde estamos en nuestra vida, qué tan satisfechos estamos con ella, qué tanto nuestras creencias o actitudes nos limitan y cómo debemos actuar para replantear aquellas cosas con las que no nos encontramos muy a gusto.

Adelantándome a esa posible reflexión, hoy quiero compartirles parte de lo que en PNL aprendí acerca del uso de las metáforas, una excelente herramienta para transmitir mensajes sin contaminarlos con una interpretación propia; una herramienta que podemos usar para compartir una enseñanza, un punto de vista, o algo de valor que se puede deducir a partir de la historia. Las buenas metáforas son como “llaves” para ingresar al inconsciente de una persona.

Muchas veces cuando transmitimos una metáfora y escuchamos lo que otros descubren en ella, nos encontramos con la sorpresa que esa persona encontró una interpretación que a nosotros no se nos había ocurrido, y eso es muy enriquecedor.

Este mes les quiero compartir una metáfora, (cuento corto y/o historia) que dice más o menos así:

Un rey ofrecía una gran cantidad de monedas de oro a cualquier persona que fuera capaz de hacer hablar a su caballo; quien aceptara recibir el dinero tenía un tiempo de plazo para lograr su cometido,si pasado ese tiempo el caballo no hablaba la persona era decapitada.

Pasaron los días y no aparecía ningún voluntario para la magnífica tarea que representaba un enriquecimiento rápido y a la vez un gran riesgo de muerte casi segura. Un buen día un paisano le dijo al rey que él haría hablar a su caballo. El trato se realizó, el señor se llevó su bolsa de monedas de oro y se fue con el caballo del rey con la promesa de que el animal aprendería a hablar en un plazo determinado, digamos dos años.

Los familiares del señor y amigos completamente alarmados le dijeron que había sido un verdadero tonto, que era lógico que el caballo jamás hablaría, que iba a morir decapitado, en fin, todos en contra de su decisión a lo que este señor respondió:

“No se alarmen, tengo todavía dos años y no sabemos qué pueda pasar en estos dos años,

quizás yo muera antes del plazo, quizás muera el caballo, quizás muera el rey…

y hasta a lo mejor, nunca se sabe, el caballo aprende a hablar.”

¿Cómo les pareció la metáfora? ¿Qué significado le encontraron?

Me encantaría dejar mis reflexiones, sin embargo prefiero saber ¿Qué conocimiento de valor pueden sacar de allí para sus vidas? ¿Qué pueden extraer de aquí para su situación actual?

Espero sus comentarios y reflexiones y yo me comprometo a responderles con las mías.

Un abrazo para tod@s,

¡Feliz y provechoso Abril!

YOLY AVILA

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